domingo, enero 06, 2008

El talismán de Chico Buarque

Año, año…. no me acuerdo. Fue poco antes de que mi viejo partiera hacia Paraguay, destino donde casi termino mi bachillerato pero el sabio azar no lo permitió. Como dos años sin trabajo estuvo papá hasta que surgió esa oferta laboral en Asunción. Fui así que nos quedamos junto a mi hermana al mando de mi hermano mayor por año y medio.

Antes de viajar papá nos regaló a Chico. A pesar de tener ancestros esquimales le tocó nombre carioca, y al revés de la mayoría de su especie, este tenía ojos marrones. Unos hermosos ojos color café.

Al poco tiempo tuvo compañía. Inú; especímen callejero, inteligente, y por sobre todo amigable, compañero. Era un perro como los de las películas. No quiero decir que escuché su voz pero no dudaría si alguien me lo confesara. Así era Inú. Un día partió y nunca más apareció.

Chico se llevaba bien con Inú pero eran bien distintos. Chico era autista. Con el carácter de un gato, para ser más precisa. Lejos estuvo de ganarse el título del “mejor amigo del hombre”. Pero a pesar de estos desméritos caninos el tipo supo ganar nuestro cariño.

Tenía una agilidad de pocos. Verlo correr cuando lo llevábamos al Roosvelt era un espectáculo. Parecía un conejo jugando en la pradera después de una sobredosis de gomibaya. Pero ya dije que era un perro autista. Y dentro de esa naturaleza a veces salía cual Forrest Gump y quien lograba acercársele para llevarlo de nuevo a casa tenía que luchar con su carácter gruñón.

Según Ángela, la señora que limpiaba en casa, cuando Chico nació se escuchaba El Talismán de Rossana. Su hipótesis había surgido porque cada vez que yo cantaba esa canción el perro aullaba. Sólo aullaba con El Talismán. Y cuando lo hacía se convertía en un verdadero lobo. Era raro, inexplicable, pero la realidad no daba lugar a la duda.

Cada vez que alguien venía a casa mostrábamos la gracia de nuestro perro estrella. Auuuu!!!!!! Auuuuu!!!!. Todos quedaban maravillados. Se lo contaban a sus padres, amigos. Tanto éxito tuvo la cuestión que los fines de semana dábamos números para poder atender bien a las visitas.

Chico llevaba casi un año de éxito cuando lo llevamos con Susana Giménez. Sí!!! Chico estuvo con Susana. Lo tuvo que acompañar Ángela, porque a nosotros nos daba un poco de vergüenza. Llevaron una grabación mía cantando El Talismán. Chico aulló como nunca. Susana incluso hizo una oferta para quedárselo. Pero no transamos. Hay cosas que no tienen precio. Y Chico era una de esas.

A los pocos meses mi versión de Rossana se hizo bastante famosa en las radios de Montevideo. A mi me tocó ir con Omar Gutiérrez, cantar en vivo en De Igual a Igual. Hasta grabé el tema en una productora agropecuaria, un track en un disco de grandes recopilaciones para sedar el mal carácter de los perros.

Pero el tiempo empezó a pasar y en menos de un año ya nadie se acordaba de mi tema ni de mi perro estrella. A nosotros no nos dolió mucho pero Chico entró en una depresión preocupante y tuvo que hacer terapia canina durante 5 años. Nos turnábamos con mi hermana para llevarlo a la consulta. Todos los miércoles a las siete de la tarde.

El perro se fue poniendo viejo y un poco más cariñoso. Aunque siguió igual de testarudo hasta sus últimos días. Recuerdo que antes de morir me dio la mano. Sí, el perro buscó mi mano para saludarme y despedirse.

En su funeral, como no podía ser de otra forma, cantamos El Talismán. Y juro que aquella vez, a pesar de que su corzón y no latía, escuché su último aullido.