lunes, abril 14, 2008

Metafóricamente hablando

Hace unos meses, casi un año, iba caminando por la calle, entré por vaya a saber qué impulso a una peluquería, y dije: el pelo corto. Y lo dije sin pensarlo. Podría haberme probado distintos colores, cortes, qué se yo. Pero no, el pedido fue directo. Cortámelo corto, bien corto.

Todavía espero que el pelo crezca. Y calculando a un centímetro por mes la cosa viene para largo. Justo lo que quiero, y que demora.

Es que los cambios en el pelo son los más efectivos. Bueno, cambiar el vestuario también puede resultar, pero, qué se yo, menos jugado.

Me he hecho de todo en la cabeza. Rubia punk, rubia romántica, rubia pelotuda. Y con el tiempo descubrí que si hay algo que me gusta es ir a la peluquería. Ver como la expresión de mi cara cambia de acuerdo al garabato que elija. Aunque después haya arrepentimientos.

Igual siempre hay una opción. Vichas, orquillas, gel. Pero la sensación de cuando una se la “juega” (y que quede claro que no hablo de recortar las puntas o aclararse un poco el color) es excitante.

Hoy fui a la peluquería. Me dio por oscurecerme el pelo. Y es que si no es ahora es nunca. Tengo el pelo corto, ideal para hacerle cualquier cosa. Y he jugado poco con el color. Con los cortes un poco más, pero sólo tengo el cerquillo para experimentar. El largo, el largo que quede intacto, es lo que digo ahora.

Sin embargo esta vez fue más cautelosa. Consulté; ¿y si no me gusta? ¿es fácil volver al color anterior?

Después de un pequeño intercambio de palabras creo tomé la decisión más acertada. Es que es con la práctica que una aprende. Prueba y error, como siempre digo. No nacimos sabios, nos hacemos en el camino.

En vez de hacerme el negro intenso mi pelo quedó gris. Metafóricamente gris. Un color que da lugar al paso anterior más fácil. Una decisión que no implica meses para olvidarla. Está en el medio. Entre el uno y el otro. Con un paso, sea hacia delante o hacia atrás, hay solución. De vuelta rubia o negro azabache. O también así, como estoy. Sólo en cuestión de minutos.

Menos radical, más tranquila. Aunque sí experimentando, pero con la voz de la experiencia.

jueves, abril 03, 2008

Zapatos plateados

El otoño ya es realidad. Llegó y dijo presente: "Acá estoy, pude con el calentamiento global, sigo siéndole fiel al almanaque"

Preparémosnos para despedir a la ropa de verano, aquella liviana, chiquita. El fresco ya se empezó a sentir por las tardes noches. Pero aún me niego a cerrar ventanas. Adoro las brisas, sean ellas cálidas o un poco más frías.

Habrà que volver a buscar sacos, abrigos, camperas. A revolver roperos, cambiar la ropa de lugar. Abrazarse al ser amado, sumar temperaturas. Calentarse con ese pequeño rayo de sol que sobrevive y arde. Disfrutarlo en su modo otoñal.

Zapatos plateados. Estoy segurísima de que devolví esos zapatos. Esos que me prestó una amiga para ir a un casamiento. Repaso los hechos, y recuerdo el momento en que volvieron a los pies de su dueña.

Pero en ese revolver ropero buscando sacos para adaptarme a la incipiente estación no pude salir del perplejo. Esos tacos preciados y plateados estaban ahí, hibernando.

Repaso los hechos, repaso. Y dudo. Dudo en mi memoria, en si fue sueño luego realidad, o sueño