No sé. Algo para escribir. Que me venga a la mente. Y mientras intento que alguna palabra linda salga de esta cabalgata tipeadora. Y no sale. Pues bien. Ya vendrá. Galletas de arroz, mermelada, mate, puchos, celular, control remoto, y alguna cosa más junto a mi computador, es la foto de mi mesa formada por dos valijas que ocupa el centro de mi living. Mis amigas de toda la vida aún no conocen mi nuevo hogar. No he podido compartirlo con ellas. Y es que están en el viejo continente. Eligieron marchar. Y digo eligieron porque su pasar por estos pagos era poco mediocre.
Aparecen otros testigos de nuestras vidas, de mí vida. Nuevos amigos, nuevos compañeros. Y está bueno sumar, pero se las extraña. No es lo mismo.
Y pasa el tiempo y cada vez se hace más certera su lejanía kilometral. No van a volver. Nos veremos en vacaciones, en una visita por allá y en otra por acá. Pero no más cotidianeidad, no más crecer juntas.

