martes, abril 24, 2007

El vaso

No me lavo nada la cabeza, pensé.
Y no me la lavé.

Me bañé lo más rápido que pude, me sequé, me vestí y me fui bici hacia mi casa.

No puse crema en mi cuerpo, no peiné mi pelo enredado; apenas lo sequé con la toalla. Qué mala suerte había tenido... o qué buena, vaya una a saber.

Ese día no pude terminar de lavar la cocina. Justo cuando me disponía a hacerlo un vaso resbaló entre mis manos. Maldito detergente: suave, espumoso... carajo! Él era el culpable de mi desgracia.

Por culpa del detergente casi muero esa tarde.

Me disponía a ordenar mi hogar. La ropa: un pequeño edificio encima de la silla sillón, la cama “ventilada”, sacudida y estirada, parecía que la hubiera hecho como Dios manda.

Me tocaba la cocina, un par de platos, muchos vasos (nunca supe porqué tantos), y cubiertos. Empecé por los platos.

Fácil, eran solo dos, un toque, todo marchaba bien hasta entonces.

La radio estaba encendida aunque no le prestaba atención, estaba concentrada en mi quehacer doméstico, ba, eso era lo que creía, pues de ser así, jamás me hubiera pasado lo que me pasó.

Había terminado con los platos, era el turno de los vasos. Me gusta que queden transparentes, y mi truco, ni tan truco, es muuuucho detergente.

Mi abuela, ahorradora como pocas, no derrocha como yo. Usa poco detergente, algo que suele inquietarme pero gracias a esa manía de lo necesario, a ella le alcanza la jubilación, no se le acaba como a mí, que siempre le tengo que pedir un préstamo a fin de mes. En fin....

Poco después de agregarle detergente a la esponja me enfrenté con ÉL. Cómo no pude imaginarlo?

El vaso resbaló entre mis manos, y la distancia entre él y la pileta era tan pequeño que mis reflejos no pudieron ganarle a la gravedad.

Empecé a sangrar. Todas mis falanges, inclusive la muñeca de mi mano habían sido dañadas por ese vaso (ahora ex vaso o pequeños y medianos trozos de vidrios asesinos).

Agarré muchas servilletas y me envolví los dedos. En menos de lo que canta un gallo el papel ya estaba teñido de rojo, aunque ello no logró ponerme en estado de pánico. Yo tenía planificado ir al club y nada ni nadie me lo iba a impedir.

Tomé mi clase de gimnasia y por ese rato pude olvidarme de mis heridas. El grato momento terminó cuando llegué a la ducha. Fue allí donde me acordé de lo fácil que es morir.

Decidí no lavarme la cabeza. Apenas el agua fuerte y tibia que caía de la ducha tocó mis manitos todo me empezó a doler y a arder. Se lo conté a la señora que se bañaba al lado mío.

Nunca hablo con nadie en la ducha. En realidad no he hecho mucha sociabilidad en el club del barrio.

Pero esa vez tuve necesidad de compartir mi trágica experiencia.

Miraba mis manos. Mente perversa, imaginaba que podían ser las de una adolescente perdida que había tratado de suicidarse, pero que tenía una excelente excusa para explicar los cortes.

Las heridas sanaron rápido, y por suerte dolor y ardor desaparecieron. Únicamente cuando terminaba de comer recordaba a aquel vaso.

Después de comer, algunas veces, suelen quedarme restos de comida entre los dientes. Los cortes en los extremos de mis dedos no permitían que pudiera usarlos cual del hilo dental. Eso me ponía de muy mal humor... hasta que recordé los escarbadientes, y entendí que debía estar feliz como cualquier sobreviviente.

7 comentarios:

CALM dijo...

Uy,... esta bien relatado, de hecho me entro un monton de empatía de esa que te provoca los mismos cortes durante unos segundos.

Sí, el mucho detergente tiene el problema de hacer los vasos mucho resbaladizos.

Kily dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kily dijo...

Sinceramente, lo que más me alarma de que se te acabe la jubilación antes de fin de mes no es que se te acabe, sino que tengas derecho a ella.

primor dijo...

Supongo que lo dirás por lo de "a ella le alcanza la jubilación, no se le acaba como a mí"... lo había notado, y si hablo de mi abuela, por más que no sea yo(yo), tendría que tener una granny de más 151 años para que ambas podamos gozar de una jubilación a la misma vez...
Pero shhh, que aún en el BPS no se han percatado.

Anónimo dijo...

Muy buena notaaaaaaaaaaaaaa!!!
Me gusta que de algo tan simple de la vida cotidiana como es que se te rompa un vaso pueda surgir una historia como esta misma mismísima!!
Me dio emoción leerla, me imagine la situación tal cual... y a mi que me cuesta leer...(leo gracias a mi hermana).
Lo simple siempre fue y será bueno!! De lo sencillo y cotidiano siempre salen las mejores cosas... eso creo...
Bye beso chau papeleraaaa

primor dijo...

Gracias Ale y gracias Calm!

primor dijo...

Nada que ver con nada.. pero ayer fui a ver un apto, y resulta que la mujer que me lo mostraba, subiendo las escaleras, con toodo el cholulismo me pregunta: vos sos la hija de la cantante (??!!!!).
MM.. de qué cantante? le digo.
Atención! me dice Laura Canoura, sos igualita.
Epa!!! Me han dicho que soy parecida a muchas personas, pero nunca jamás a Laura Canoura.