“Nada se pierde todo se transforma”. Esta frase la aprendí en el liceo, clase de química, una de mis preferidas. Voltaire. Jamás me la olvidé.
Un par de veces escribí algún garabato usándola. Garabatos que quedaron en alguna computadora perdida, vaya a saber de quién. Eran esos tiempos donde no encontraba mi lugar. Y mientras lo buscaba, a veces escribía.
Voltaire apareció también en un cancionero de Drexler. “Tu beso se hizo calor, luego el calor movimiento, luego gotas de sudor…”. El hielo se derrite, se hace agua, y el agua se evapora, y queda en el aire. Parte del aire.
Hoy fuimos a Las Toscas, a la casa de la abuela, de los primos. Fuimos sin la abuela, que ya no está más, acá, de este lado. Llevamos parte de Capurro, parte de la ciudad. De la ciudad de mi abuela. La casa de verano, la única de María Hilda que vamos a conservar, tiene ahora el horno eléctrico de donde supieron salir las mejores berenjenas y papas asadas que comí en la vida. Las que la abuela me preparaba para malcriarme. Tiene la cama donde la madre de mi madre durmió desde que se casó con mi abuelo. Y tiene su colchón, su heladera, sus sillas. Ahora la tiene a ella más que nunca. En cada rincón, en cada siesta, en cada comida. Suspiro. Estoy segura de que vé todo desde arriba, orgullosa.
Así me voy despidiendo de Capurro, y de una forma de estar de mi abuela. Y aparece esa nubecita futurista donde me veo frente a esa casa, mirando a otra familia, creando otro futuro, otro destino.
Hoy tocó esa mudanza a Las Toscas. Quedó precioso, listo para cobijar nuevas alegrías, amores, encuentros, peleas, travesuras. Vida. El legado de “la negra”
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5 comentarios:
Hermoso lo que escribís. Es increible como lo material puede atar la ausencia, anudar lo que ya no está para que siga estando, más presente. A María Hilda se la va a extrañar,mucho, pero ella va a estar, como vos decís, en cada rincón o en cada siesta: en el aire. Y creo también que en cada uno de ustedes, porque su mayor legado es esa familia hermosa que estoy seguro la va a tener en la mente en cada reencuentro en Las Toscas. Con alegría. Porque se merece ser recordada así, con la alegría con la que ella vivió siempre y pese a todo.
Buen texto pero el autor de la frase no es Voltaire, sino Lavoisier, químico francés. Saludos.
ups
merci beaucoup anonimé ;-)
Opa Federico, que sabias palabras. Y pense a partir de lo que dijiste en algo para vos Primor, que hace bastante que no escribis, la inmortalidad puede estar en respetar lo que de otros aprendimos. De otros que merecen que los recordemos, como Maria Hilda.
Gracias Calm!. Dónde estas? Nos debés una visita. (Toy mudada) Beso
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