sábado, marzo 17, 2007

historias MÍNIMAS

Quiero contarlo ahora porque no confío en mi memoria. Y justamente por eso es que también quiero dejarlo registrado de algún modo.
Vivo en un barrio tranquilo, de casas bajas, vecinos de toda la vida, de esos que te saludan y te cuentan su vida con tan solo un ¿cómo le va?.
Por las esquina de mi cuarto pasa el tren y algún fin de semana he despertado con él. Un barrio de alarmas extraordinarias. Esta mañana, por ejemplo, una máquina de cortar pasto fue quien interrumpió mi sueño.
Después de ver una película sobre la vida de Franklin D. Roosevelt me dieron ganas de salir. Se me ocurrió ir a mandarle un mail a una amiga que vive en España y hace un mes estuvo por aquí. Agarré un par de monedas, me puse un abrigo y emprendí camino al cyber. El de la esquina, que también funciona como video, estaba cerrado, así que crucé las vías, caminé unas cuadras más, y fuí a otro que supuse estaría abierto. Cuando llegué vi las rejas bajas, de no ser por dos niños sentados en su puerta hubiera dado la vuelta.
- ¿Saben a qué hora abre?
- A las once, ya tendría que estar abierto.
Admito que apenas los ví pensé que estaban allí por los jueguitos chupa sangre, esos de tres dimensiones, que tienen a los pequeños como unos verdaderos enajenados frente al monitor. Cuestión que enseguida uno de ellos, el más grande, rubio, con aparatos fijos en alguno de sus dientes, me dice que viene a buscar información. Atención!
Le pregunto al más pequeño, un morochito simpático y de sonrisa fácil qué es lo que lo trae a él por aquí. Uf... lo de él era más complicado. Tenía que copiar música, escanear fotos...
- ¿Le estás haciendo algún favor a alguien? Sí, a mi madrina, me respondió.
Empecé a entusiasmarme con la conversación , que hacía a mi mañana sabatina más interesante de lo que podía haberla imaginado.
- Yo vengo a buscar información de un escritor español.... García Márquez...
Le expliqué que García Márquez es colombiano y no español, que había sido Premio Nobel de Literatura en 1982, que la semana pasada había cumplido 80 años, y que para festejarlo había ido a visitar a Fidel. No creí oportuno contarle que también estaba en La Habana porque actuaba de mediador en el conflicto entre el Ejército de Libaración Nacional y el gobierno de Uribe, así que omití esa información.
- ¿Vos sos profesora de algo?. Le contesté que era periodista, y para mi sorpresa me respondió: "igual que mi padre".
Resultó ser que su progenitor era el conductor de "A cara pintada", el programa de carnaval que conduce este señor con la parlanchina Karina Vignola. Y digo este señor porque como adelanté en la primera línea no soy una mujer de buena memoria.
Enseguida, después que escuchar que era periodista, el hijo del señor con ojos de huevo me comentó sobre el dengue. -¿Viste que llegó a Uruguay?... es culpa de los paraguayos!!
Parece que el tema del mosquito relamente lo había abrumado, porque enseguida me contó que ayer había soñado con él.
- Estaba en un casamiento con mi madre y mi hermana. De repente venía el mosquito y me quería picar. Pero al final no pudo, eso fue lo mejor. Yo le tiraba con medias, camisas...
Me quedé conversando un rato más con ellos y el cyber seguía cerrado. En eso llegó la prima de uno de ellos. Una niña con el pelo (recogido) de color negro, peleadora, con los dientes blancos y desparejos, lentes culo de botella, y una actitud muy distante a una "Betty la fea".
Me vinieron unas ganas repentinas de ir al baño y a los quince minutos volví a casa. Apenas entré, después de ir al baño, agarré una birome y una hoja, de esas que hay miles en mi casa, consecuencia de un abuelo previsor. Fue así que finalmente sacié mis ganas de contar una historia, capaz para que recordar(me) que tengo una vida tan interesante como pueda y quiera sentirla. Y fue por eso también que quise dejarla registrada.

4 comentarios:

CALM dijo...

Cierro el libro y me dispongo a dormir, sabiendo que estoy descansado.

O bepi dijo...

Los sábados por la mañana tienen algo mágico. Un encanto tan particular que ni siquiera es capaz de superar un domingo soleado antes del mediodía. Excelente crónica sabatina.

primor dijo...

Descansado... con a, me sentí así después de escibir esto.
Sábados de mañana: paz, armonía, sonidos que acarician, energía... si tuviera olor sería a primavera. Merci!

Kily dijo...

¿Sábados de mañana? No tengo el gusto.