Siempre hay dos versiones de un mismo hecho, “la otra cara de la moneda”, “las dos voces”. También siempre nos llega una primera que la otra, y sin querer o queriendo, esa es a la que sentimentalmente nos sentimos más cercanos.Hasta que llega la otra versión. Entonces la duda comienza a tomar forma.
Cuatro mujeres, una peluquería, un proyecto, un sueldo que alcanza para sobrevivir. Dos rubias y dos morochas que parecen entenderse a la perfección para las clientas. El negocio entre amigas que funciona, rompiendo todas las advertencias. Hasta que un buen día cae doña regla: tres mujeres desempleadas y una con empresa renovada.
Las advertencias eran reales: “Ten cuidado, los negocios entre amigos o familia pueden complicarse”.
En un primer momento había tomado la decisión de no ir más a la peluquería que está enfrente a mi casa por cuestión de principios. A pesar de que me queda muy cómoda la proximidad del centro estético, porque sí, no sólo a cortarme el pelo iba. Una entraba y salía renovada. De pies a cabeza, no sé si me explico.
La otra campana no tardó en llegar, ni tampoco las preguntas a mi cabeza: ¿quiénes fueron las reales bastardas en esta historia? ¿Cuál de todas las que metió mano en mi hermoso cabello tenía su alma negra? ¿Acaso entregué mis piernas a una traidora? ¿O quizás mis uñas?
Sin embargo caí en la cuenta de que no tengo el mismo criterio para con la almacén que también está enfrente a casa. Negocio familiar de gallegos. El viejo cuadrado con sus hijos tras el mostrador. Un treintón frustrado y una mujer soltera, dejada, abandonada, empastillada, deprimida. Con un padre criticón que no escatima piropos añejos y desubicados para las jóvenes que van por un litro de leche y una flauta.
Un barrio de locos. Un pequeño centro comercial de dementes.
Entonces llega la otra pregunta, la más importante quizá: ¿importa la vida personal de estos personajes? ¿Importa si han matado, violado, agredido, ayudado a los más pobres o si han brindado su vida a la humanidad? ¿O simplemente basta con que estén abiertos hasta las diez de la noche, que no tengan precios disparatados y que me dejen espléndida?
La duda me acecha. El mundo moderno ataca.


1 comentario:
Lo sano, lo segundo, lo correcto, lo incongruentemente insano, es lo primero.
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